lunes, 27 de noviembre de 2017

EL NEGOCIO OBSCENO DE LAS FARMACÉUTICAS

NACIONALIZAR LA FARMAINDUSTRIA UNA CUESTIÓN DE EMERGENCIA SOCIAL

La alarma ya saltó cuando el Consejero delegado de Bayer, dijo que el Gobierno de la India comercializaba un medicamento contra el cáncer por 420 dólares mensuales mientras el mismo en Europa se comercializaba a 4200 porque los enfermos occidentales podían permitírselo. Ahora el Gobierno obliga a las comunidades autónomas a pagar los medicamentos más caros a cambio de la ayuda financiera que reciban. Es claramente un chantaje que como siempre perjudica a los más humildes pues esconde la perversión del apoyo a las farmacéuticas en una financiación indirecta con los fondos de emergencia, dando prioridad a los laboratorios para bloquear a toda costa la alternativa de los medicamentos genéricos. Con esta indecente maniobra se están malgastando los fondos de la crisis para financiar indirectamente a las farmacéuticas, que gracias al neoliberalismo del capitalismo salvaje, es uno de los negocios más rentables del mundo. La legislación abre las puertas a que los medicamentos cuya patente caducaba a los 10 años para poder venderse los productos como genéricos, ahora caduquen a los 30, lo que significa seguir aumentando los beneficios del oligopolio farmacéutico manteniendo unos precios abusivos y, sin control alguno por parte del gobierno. Un ejemplo bien claro, mientras la Farmaindustria desarrolló la vacuna infantil contra el rotavirus por un coste aproximado entre 20 y 30 euros, esa vacuna se vendió en farmacias por 240 euros 3 dosis, lo que supuso un beneficio de más de 3.000 millones de euros para las farmacéuticas. Detrás de las cortinas donde se deciden los grandes números del negocio de la salud pública, la influencia sobre hospitales, médicos y políticos es escandalosa por no decir obscena. Este proceder de los poderes oligárquicos del país, no solo se da en esta industria, ocurre lo mismo con las eléctricas y con todas aquellas empresas privatizadas de servicios públicos , donde los mas humildes sufren pobreza económica y energética. Un país de vergüenza. Este es nuestro país, este es nuestro sistema, pero no todo está perdido, la gente honesta, coherente, decente y responsable tiene en sus manos el poder de cambiarla. Tan solo basta con ejercer el derecho al voto con responsabilidad, con conciencia social, y con honestidad.

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