sábado, 11 de noviembre de 2017

EL PODER DEL DINERO QUE CORROMPE Y DEGRADA

 Vivimos en una sociedad donde los valores tradicionales han sido sustituidos por conductas antisociales y los vicios más detestables y degradantes. Una sociedad  deshumanizada, insociable, insolidaria y  decadente, depredadora y salvaje. Hoy la decencia, la integridad, la nobleza, la honradez o la bondad son cualidades que ya no no se toman en cuenta, ni sirven para triunfar. Hoy triunfan la astucia, la malicia, la traición,  la inmoralidad pública, la corrupción, la ambición desmedida, la soberbia, el despotismo  y la crueldad, pero sobre todo el poder del dinero para someter a los demás. ¿A que persona de bien, no le ha producido náuseas la excarcelación de Ignacio González o Francisco Granados, o Bárcenas o Rato? Quien tiene dinero, aunque sea un canalla y un ladrón, se le respeta y considera un señor, porque se ha establecido la ley del más fuerte, la ley de la selva, la ley que han creado los poderosos de la tierra, cuyo único Dios es "el Dios Dinero", dinero que compra y vende voluntades, trafica, corrompe y envilece al ser humano que cae en sus garras. Una sociedad donde se estima más al que explota y vive de los otros, que al honrado trabajador que trabaja noche y día, porque como dije este día pasado, este es el país del cacique, del amo y el patrón, del señorito y el ladrón, del odio, de la envidia y la ojeriza, de la inquina, del acoso y el abuso, donde la franqueza es grosería y la buena fe candidez, un país donde ha vuelto el derecho de pernada, si en algo estimas tu jornal, y tu soldada, un país donde la democracia solo es un remedo del estado de derecho, donde se  arrincona la decencia y  la inteligencia y se premia el vicio, la fuerza bruta y la malicia. Así que se acabó el poner la otra mejilla, el que sufra injusticias, que se defienda como sea, porque nadie te va a ayudar a evitar los abusos e injusticias ni a solucionar tus problemas, Se tu mismo y evita ser la víctima de los demás y no permitas que nadie te haga daño o mal. Si te escupen responde, si te humillan defiéndete, si abusan o te dañan, no lo permitas. Ojo por ojo, que ya esta bien de consentir el abuso y la prepotencia. Es hora de que los débiles dejen de ser los corderos sacrificados o los perros apaleados.

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