sábado, 20 de abril de 2019

LA PANTOMIMA ARCANA DE LAS PROCESIONES DE SEMANA SANTA

La religiosidad en esta semana alcanza un nivel de proselitismo que raya con el fanatismo mas rancio, surgido de la ignorancia y superchería de las cavernas mas tétricas y tenebrosas en las que nos ha querido mantener la Iglesia, y que en muchos casos convierten a las procesiones en una pantomima arcana mas cercanas al Ku Klux Klan que a un rito religioso. Haciendo algo de historia, según los últimos escritos que nos han llegado, aquel revolucionario llamado Jesús, perteneciente a la facción judía de los zelotes, predicaba no una nueva religión, sino una ideología donde acusaba a los poderes económicos romanos y judíos, con la intención de crear un sistema mas justo, donde primara la solidaridad, la libertad e igualdad entre los seres humanos, liberándose del yugo romano, y se corrigiese la inmensa pobreza y opresión en la que estaba sumido el pueblo. Mas tarde ya en el siglo III, los acólitos revolucionarios, crearon una religión y elevaron a su líder a la categoría de Cristo y de Hijo de Dios para valiéndose de este concepto divino fundar una Iglesia que se convirtió en una entidad de dominación mental y física de los seres humanos que caían víctimas de su religión, que era impuesta por las buenas o por las malas, persiguiendo, torturando, quemando y matando a todos los que no profesaban su sectarismo religioso. Pues bien este revolucionario e ideólogo llamado Jesús hijo de José el carpintero y María una joven y bella judía a la que José tomo por esposa a sabiendas de que estaba embarazada, jamás habló de crear una iglesia, ni de representar a nadie en imágenes sufrientes, sino de una corriente filosófica que estableciera un nuevo sistema social y un nuevo hombre que estuviese por encima de la vanidad de las cosas materiales, para que cultivase su espíritu y no su cuerpo y viviesen en armonía y paz. La parafernalia que se construyó después aprovechando esta figura de Jesús, ha sido diabólicamente espectacular. Pero a lo que íbamos, en relación con las procesiones e imágenes de lo absurdo. Estos ritos celebrados todas las semanas santa, con abundante parafernalia de imágenes, procesiones y ritos ancestrales, no dejan de ser un carnaval grotesco y a veces dantesco, salidos de los tiempos más arcaicos de nuestra historia.
Lo más espeluznante es ver que todavía estos ritos, auténticos carnavales, ponen los pelos de punta a los acólitos fanáticos que los siguen, incluso las contemplan con una mezcla de horror, sensualidad, estruendo, pasión y una mezcla de miedo que nos retrotrae a la época de las cavernas. Toros y procesiones no dejan de ser dos tradiciones, por la que el resto de Europa nos considera un país atrasado y sumido todavía en la ignorancia, la superchería y la barbarie.
Personalmente encuentro mortificante que los no creyentes tengamos que presenciar todo ese espectáculo tan penoso, con carruajes llenos de grotescas estatuas, representando  grotescas escenas que mas recuerdan a los monigotes que se queman en las fallas de Valencia, donde muchos desfilan disfrazados y donde parece que debiéramos sentirnos culpables por algo que le hicieron a un hombre llamado Jesús hace más de 2000 años. Lo que no entiendo es que tiene de bonito recrear la agonía, tortura y muerte de un ser humano, es como si todos los años sacaran un carro con la imagen de tu padre representando una horca o un fusilamiento, me parece tétrico y de mal gusto. Yo creo que detrás de ese sarao solo hay intereses muy concretos. El primero el autobombo mediático que significa para que la iglesia continué con su negocio y el segundo el negocio de las cofradías con el turismo. Lo demás pura falsedad e hipocresía.

 Aunque creo no equivocarme si digo que la mayoría de la gente celebra la llegada de la semana santa, sin un atisbo de mínima creencia, y si por los días de fiesta en el trabajo y las consabidas vacaciones y viajes,  que convierten a esta semana santa, en santa semana.

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