jueves, 27 de junio de 2019

EL OCASO DE OCCIDENTE YA SE HA INICIADO

La globalización ha sido el camino para consolidar un sistema neoliberal que se ha traducido en un capitalismo de explotación salvaje que en muchas ocasiones contraviene la Carta de Derechos Humanos, dándose la terrible situación que en alguna parte del mundo alguien trabaja jornadas de 18 horas por un sueldo miserable, para vender sus productos en le tercer mundo a precios inasequibles para una gran parte de la población que en naciones del primer mundo sufren pobreza y miseria.
Después de la segunda guerra mundial parecía que la derrota de los fascismos instauraba una era de paz donde imperaban los sistemas democráticos que se basaba en valores éticos de justicia, paz y libertad. Pero justo llegó campando a sus anchas el capitalismo neoliberal (el de los bancos, oligopolios y financieras) y el capitalismo estatal (Rusia, China) para pervertirlo todo, y convertir los sistemas democráticos en pura farsa, donde el poder de las élites económicas absorbió el poder político, naciendo partidos a sueldo de ese poder económico que incluía periódicos, medios de comunicación, grupos mediáticos, etc.). 
Esto hace que las virtudes de nuestra economía moderna, tienen su contrapunto en el consumismo desenfrenado y la explotación globalizada, lo que lleva a las sociedades a unos parámetros de conducta que terminan por derribar el propio sistema, por degradación de los valores y las injusticias sociales.
Europa es el continente que más envejece y que menos nacimientos tiene, teniendo que recurrir desde hace décadas a la inmigración sin regulación que ha convertido al viejo continente en el que más inmigrantes tiene. 
La necesidad de mano de obra barata ha favorecido la entrada en Europa de 25 millones de musulmanes de baja cualificación, muchos de ellos analfabetos, trayendo con ellos sus costumbres y ritos religiosos lo que hace que no se integren y sean un potente caldo de cultivo favorable al fundamentalismo islámico. En España solo hay 1.233.000, pero en Francia hay 4 millones, en Alemania tres millones, 2 millones en Holanda y su buena cuota en los demás países europeos, constituyendo un verdadero caballo de Troya. Gentes que nos traen mundos, atavismos y costumbres que creíamos ya superados.
Debido a las altas tasas de natalidad de los inmigrantes y a la baja natalidad de los europeos, la población musulmana aumenta sin cesar, y para el año 2050 la mitad de la población será musulmana y la vieja Europa pasará a llamarse Eurabia, con la imposición de la Sharia, por supuesto y todo ello democráticamente. La población sudamericana no se queda a la zaga y ya superan los 15 millones en Europa, con otros inmigrantes de diferentes nacionalidades que forman etnias (gitanos, rumanos, yugoslavos, africanos, etc), que en muchos casos reciben viviendas, subsidios y ayudas sociales, sin cotizar un euro a las arcas del estado, mientras muchos ciudadanos que han cotizado no las tienen.
Mientras los europeos se dedican a la buena vida, dejan que los mayoría de los trabajos subalternos y mano de obra barata sea realizada por inmigrantes, sin darse cuenta que un día serán ellos lo que se integrarán en la sociedad de forma ejecutiva y llegará el momento en que tomen las riendas del poder.
Desde este punto de vista que Europa se encamina a su ocaso es seguro. El futuro, mejor o peor será de los emergentes y de aquellas naciones que ya predominan en el mundo, como China, India, Brasil y posiblemente Rusia.

El panorama es desalentador y lo peor es que ya es irreversible, pero mientras llegue el momento solo nos queda sonreír y vivir la vida, igualito que pasó en el imperio romano, cuando los bárbaros se integraron con la ciudadanía romana y su ejercito, y terminaron siendo absorbidos por ellos.

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