jueves, 24 de octubre de 2019

UN TRIUNFO MAS DE PEDRO SANCHEZ

LA EXHUMACIÓN DEL DICTADOR FRANCO HA CONSOLIDADO LA DEMOCRACIA
Sin ánimo de avivar odios o rencores, ni traer a la memoria recuerdos que generen sentimientos encontrados, hay que reconocer que la salida de Franco del Mausoleo del Valle de los Caídos ha sido algo totalmente coherente y procedente, esperado por los millones de personas cuyos familiares  fueron represaliados y acorde con con una democracia garante de derechos y libertades.
Durante la guerra civil se perdieron unas 500.000 vidas, de estas 150.000 lo fueron de civiles por ejecuciones sumarísimas. Mientras las esposas de las victimas franquistas cobraban una pensión de viudedad, las mujeres de las víctimas republicanas no tenían acceso a la misma por carecer del certificado de defunción. Casi 40.000 republicanos permanecieron escondidos en la posguerra para huir del terror franquista, que no salieron hasta después de la muerte del dictador. Atrocidades se cometieron por ambos bandos, pero para el escritor Paúl Preston, el numero de víctimas varia mucho dependiendo del bando en el que se libró la contienda.
 El autor del "Holocausto español" afirma que el numero de víctimas después de la posguerra fue superior a las causadas durante la guerra. Según datos de este historiador, el número de víctimas acabada la contienda y durante la dictadura fue de 492.776. Los fusilados por los republicanos durante la guerra fueron unos 50.000.  Los asesinados de izquierdas en la retaguardia de la zona sublevada, por los nacionales, fueron de 100.000. Los fusilamientos durante la represión franquista después de acabada la guerra fueron 48.776 republicanos ( en total 150.000 fusilados por el franquismo y 50.000 por la república)
 En cada provincia de la zona sublevada, se fusilaba una media de 100 personas cada día sin juicio previo. A esto hay que añadir 114.000 muertos (por hambre y enfermedades) en los 300 campos de concentración que construyó la dictadura de Franco, donde se hacinaban 442.000 republicanos  tan solo por idealismo político.  Cada día se sacaba de los campos de concentración 2 centenares de republicanos que eran fusilados, después de un juicio que duraba 5 minutos y cuya sentencia siempre era la misma: pena de muerte que se ejecutaba de inmediato. El nº de muertos por hambruna después de la guerra (sobre todo en las zonas rurales) ascendió a 220.000 personas, lo que incidió en una baja demográfica de casi 1 millón de habitantes.
 Cerca de 17.000 fusilados lo fueron a causa de las listas que tenían preparadas los párrocos de los pueblos para entregarlas a la llegada de los falangistas, tan solo por ser ateos o por no acudir a misa.
   Hay que tener en cuenta que la represión (fusilamientos y encarcelamientos) duró hasta 1976, donde se sometió a los vencidos a una situación de marginación y exclusión total, carente de derechos y libertades, y donde la Iglesia jugó un papel predominante, pues solo se podía acceder a un puesto del estado mediante el certificado de buena conducta del cura y claro está, no estaban incluidos ni ateos, ni republicanos, ni desafectos al régimen. 
Muchas de las víctimas que fueron fusiladas, según las sentencias lo eran por "auxilio a la rebelión", tiene gracia, ya que la rebelión   procedió de los generales golpistas que atacaron los derechos y libertades de un estado al que legitimaba la democracia.
 La República se limitó a defenderse del ataque de los rebeldes, que allí por donde pasaban, con su escuadra falangista en la retaguardia asesinaba, de forma despiadada e indiscriminadamente a mujeres, ancianos y niños, por el simple hecho de ser esposa, hijo o abuelo de republicanos. 
Muchos salvaron sus vidas alistándose con el bando nacional y de paso proteger a sus familias, aunque en espíritu seguían siendo republicanos. Conozco muchos casos. 
 La bárbara y brutal represión del Dictador Franco después de la Guerra, supera con creces a la barbarie de Hitler, Mussolini o Stalin, pues ningún dictador ha reaccionado de forma tan brutal con los vencidos, una vez terminada la guerra, como Franco, en un claro gesto de exterminio y genocidio con las clases populares de izquierda. 
 Desde este punto de vista histórico, era una infamia que el Dictador estuviera enterrado sobre las víctimas que el había generado  y mucho menos en un mausoleo, cuyo propósito era mantener la aureola y ensalzar la figura de un dictador que durante 40 años sembró el miedo y el terror entre el pueblo honesto, humilde  y trabajador que solo luchaba por sus derechos y por su libertad. 
Ya está fuera del Valle de los Caídos, es hora de recomponer los flecos, de reconciliar a ambos bandos, de cerrar heridas, de enmendar errores, de cumplir con la Ley de Memoria Histórica y de sacar a todas las victimas de las cunetas y darles sepultura digna. Es de Justicia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario